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POSIBLES INTERVENCIONES DE LA PSICOLOGÍA MILITAR EN OPERACIONES NAVALES



INDICE
Factores de tensión que puede coincidir en la salud psicológica de un combatiente. Adaptado de Wiegang (1988)
Intervención sobre el contingente propio
Intervención sobre la población afectada



Jaime MAS ESQUERDO
Teniente (CMS) psicólogo

N los últimos años se ha hecho habitual la intervención del psicólogo militar en situaciones, tanto de catástrofe como de conflictos armados. Sus principales actuaciones se han centrado en la prevención y el manejo de secuelas psicológicas, tanto de las víctimas como de los miembros de los contingentes de intervención.

La experiencia acumulada hasta el momento por los diversos equipos de apoyo psicológico del Ejército de Tierra, tanto en Kosovo como en el ya largo conflicto bosnio, han dotado a los psicólogos militares de material útil y procedimientos de actuación suficientemente contrastados para ser aplicados con éxito en misiones de despliegue en territorios extranjeros.

En cuanto a la Armada, hasta el momento, apenas poseemos experiencia de psicólogos embarcados ni de intervenciones psicológicas en misiones reales. A este respecto sería necesario establecer procedimientos de actuación a bordo, así como desarrollar principios de doctrina de la psicología aplicada al ámbito naval, acordes con los nuevos retos que tiene planteados la Armada (nuevas tecnologías, definición de puestos de combate. incorporación de la mujer a todo tipo de unidades, misiones internacionales, etc.).

Actualmente, nuestros buques permanecen mucho más tiempo sin tocar puerto, debido a su mayor capacidad operativa y al tipo de misiones encomendadas. Como es sabido, un barco es un elemento hostil, de espacios reducidos y grandes problemas de habitabilidad, con una convivencia estrecha y forzada en la que el estado anímico y emocional de uno solo influye sobre los demás miembros de la dotación. Y es ésta una circunstancia que nos distingue de cualquiera de los otros dos ejércitos y nos impone una peculiar forma de trabajo y disciplina, que conlleva también unos problemas muy específicos.

Así pues, y sin pretender ser exhaustivos, pienso que las posibles actuaciones de la psicología militar en el ámbito naval deberían ir encaminadas hacia dos objetivos fundamentales: la prevención y la intervención.

Prevención: Se basaría en el estudio de las peculiaridades de la vida a bordo, de la aparición de respuestas desadaptativas y ele estrés, del seguimiento de los cambios, tanto psicosociales como anímicos, emocionales y de rendimiento que se producen en situaciones de embarque prolongado.

También conocer el estado de moral de la dotación, sus condiciones de vida a bordo, la definición de tareas y puestos de combate, niveles de rendimiento idóneos, etc. Partiendo de los resultados de dichos estudios se podrían establecer los procedimientos de actuación psicológica para el personal embarcado y los principios de doctrina de la psicología militar que hemos propuesto anteriormente.

Un tema relacionado con esto y que no podemos dejar de citar es el concepto de «salud psicológica». Concepto que fue ya tema de investigación en la OTAN a principio de los años ochenta. El Grupo de Investigación de la Alianza Atlántica, formado al efecto, se orientó hacia dos objetivos (Braun y colaboradores, 1991). Por un lado, el desarrollo de métodos para seleccionar al personal especialmente resistente a la tensión (alta salud psicológica) para la integración en unidades de operaciones especiales. Por otro, el desarrollo de métodos de adiestramiento dirigidos a mejorar la salud psicológica (resistencia al estrés) del personal militar.

FACTORES DE TENSIÓN QUE PUEDE COINCIDIR EN LA SALUD PSICOLÓGICA DE UN COMBATIENTE. Adaptado de Wiegang (1988)
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Wiegand (1988) presentó un listado de posibles factores de tensión a los que puede estar expuesto un combatiente y que afectarían a su salud psicológica (ver tabla anexa). Todos ellos actúan mermando, en mayor o menor medida, la capacidad operativa del combatiente.

Intervención: Consistiría en la detección temprana y abordaje de las reacciones de carácter psicopatológico (alteraciones de personalidad, trastornos adaptativos, reacciones de ansiedad o de pánico, etc.), con el fin de que no se conviertan en bajas psiquiátricas, o reducir en lo posible la gravedad del cuadro que pueda aparecer.



Aunque existe bastante bibliografía sobre el estrés y sus efectos en situaciones de combate. apenas conocemos publicaciones sobre el estrés en el ámbito naval, donde ciertos tipos de misiones pueden implicar la permanencia del personal en un medio confinado y reducido durante espacios prolongados de tiempo. En estos casos es de esperar la aparición de efectos tales como: disminución del rendimiento, de la capacidad de atención, de resistencia a la frustración, etc., así como procesos de «burnout», trastornos del sueño, reacclones desadaptativas, crisis de ansiedad, etc. Por otra parte, con tareas cada vez más complejas en un entorno de alta tecnología, es de suponer que los efectos del estrés también llegarán a ser país significativos (DrisKell y Salas, 1991).

Los efectos del estrés sobre el combatiente es un tema central dentro de la psicología militar, y como ya hemos dicho, el entorno operativo en un barco puede llegar a ser altamente estresante. Tanto el personal como los equipos han de estar preparados para entrar en combate y con eficacia en cualquier momento, lo cual constituye la verdadera prueba de la preparación militar de una dotación.

La extensión y magnitud de este problema ha quedado en evidencia desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Durante la campaña de Normandía, por ejemplo, los soldados se encontraban enlentecidos intelectualmente a consecuencia del estrés, siendo lentos en comprender órdenes directas. Los defectos de la memoria llegaron a ser tales que «no se podía confiar en que transmitieran una orden verbal».

Aunque con menor incidencia que en el ámbito aeronáutico, también en el ámbito naval los errores debidos a un mal manejo del estrés pueden costar un alto precio, tanto en vidas humanas como en pérdidas materiales. Esto es porque dichos errores son más propensos a ocurrir, precisamente, cuando menos pueden ser tolerados, es decir, en situaciones de combate críticas. Como se ha llegado a decir: «una situación de alto estrés puede mermar a la unidad mejor entrenada, mientras que eliminará a la no entrenada».

En cuanto a la manera de cómo llevar a cabo este tipo de investigación, sabemos que un estudio psicológico en una situación real de embarque difícilmente puede ser llevado a cabo con todas las condiciones de control de variables que el método experimental exige (Colodro, 1992). Por otra parte, tampoco podemos interferir en el desarrollo de la misión ni en la seguridad de la dotación, máxime cuando existe riesgo vital, como es en situaciones de combate. Así, pues, se ha de compaginar el rigor científico y metodológico con la máxima discreción y ausencia de interferencias en el desempeño de la misión. Para interferir lo menos posible sería necesario diseñar programas con una metodología suficientemente rigurosa, pero poco invasiva, en las actividades (cotidianas o extraordinarias) que haya que desarrollar.

Por último quería hacer referencia, aunque sea brevemente, a una faceta de las misiones nacionales e internacionales que vienen asumiendo nuestras Fuerzas Armadas, me refiero a la intervención en misiones humanitarias. Estas pueden estar originadas por desastres naturales o pueden ser debidas a conflictos armados causados por el hombre. En ambos casos, la aportación de la psicología militar a este tipo de operaciones se centraría en una doble línea: la intervención sobre la población afectada y la intervención sobre el contingente propio.

Intervención sobre el contingente propio
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Se centraría en las siguientes tareas:

- Prevención de la aparición de respuestas desadaptativas de estrés entre este personal, derivadas del afrontamiento ante la situación de catástrofe (reacciones de ansiedad, sensación de impotencia, desbordamiento emocional, etc.).

- Formación del personal, especialmente del que tenga misiones de seguridad, en lo relativo al trato con la población civil afectada: normas de manejo de refugiados, niños, control de fenómenos de masas, canalización de la tensión, situaciones y conductas a evitar, etcétera.

- Detección temprana y abordaje de las reacciones patológicas de estrés, en lino mismo y en los demás, con el fin de que no se conviertan en bajas psiquiátricas. Los mandos deben conocer y comprender los tipos de reacciones al estrés que puedan encontrarse, las señales de aviso, para que el equipo de apoyo psicológico pueda actuar lo antes posible, ya que de esta rapidez va a depender la gravedad del caso. Fomento de los canales de comunicación internos, agilizando la información ascendente y descendente, habilitando medios de transmisión útiles (tablones de anuncios, puntos informativos, etc.), así como ofreciendo información acerca del país en el que se actúa: aspectos culturales, económicos, políticos, étnicos, rasgos psicológicos de la población, posibles reacciones ante nuestra presencia, etcétera.

Intervención sobre la población afectada
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Se centraría en las siguientes tareas:

- Actuación como mediadores sociales y agentes de comunicación, con el fin de establecer canales de comunicación fluidos con la población civil para poder definir las posibles prioridades, asegurarnos su colaboración y participación activa con objeto de optimizar los recursos disponibles, evitando pérdidas de tiempo y esfuerzo debidos a una información insuficiente o errónea, solapamiento de recursos o falta de coordinación.

- Control de la comunicación, evitando el rumor y la incertidumbre, factores favorecedores de las reacciones de pánico. Favoreciendo la veracidad de la información, procurando, si es necesario, la colaboración de los medios de comunicación locales para hacer llegar correctamente nuestros mensajes a la población Civil.

- Establecimiento de un equipo de acogida y control del personal que vaya a ser atendido, diseñando fichas de identificación y clasificación.

- Tomando datos de filiación básicos, condiciones sociales, familiares, estado psicológico general, apoyando a los servicios médicos con información relevante para el tratamiento médico posterior o con aquellas intervenciones que se consideren necesarias.



En resumen, las posibilidades de intervención de la psicología aplicada al ámbito de las operaciones navales son enormes. Estas incluyen el estrés y sus efectos en situaciones de combate. Pero también las características peculiares de las largas navegaciones, como son: largas jornadas de trabajo, ruptura de los ciclos naturales de vigilia-sueño, lejanía de la familia, condiciones meteorológicas adversas, sensación de aislamiento y soledad, reducidos niveles de visibilidad, confinamiento, incertidumbre acerca del desempeño de la misión, frecuentes zafarranchos, etcétera.

En cuanto a las misiones humanitarias y del ámbito de las catástrofes, la presencia del psicólogo es una necesidad ineludible. Sobre todo teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad de riesgo creciente, como quedó de manifiesto el pasado 11 de septiembre. Aunque aquí no he hecho más que describir algunas de las posibles actuaciones del psicólogo militar, lo que es evidente es que afrontar éstas con éxito requiere una formación especializada y un grado de adiestramiento que no se improvisan. Queda por delante mucho trabajo que realizar y mucho conocimiento por construir. Estos son unos de los mayores retos que tenemos actualmente planteados dentro la psicología militar.



REVISTA GENERAL DE MARINA - TEMAS PROFESIONALES - NOVIEMBRE 2003
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